domingo, 28 de diciembre de 2014

Los dioscuros. Julio Cortázar



Los dioscuros


Puesto que la inmortalidad es una muerte

de estrella, de infinito, y que la sangre

busca un término breve, una violenta fuga de delicia,

te daremos, oh Leda, alternativamente

a tus dos hijos.


Cuando desciende Cástor a las sombras

Pólux retorna adormilado y entra

por la puerta pequeña, y sólo el perro fiel lo acoge.

De qué jornada lamentable vuelves

con ojos cinerarios, y en el pelo

el hedor vesperal de los asfódelos.

Tú el inmortal, el que de amor hollado

cede su permanencia meridiana

para que Cástor suba hasta la madre

y a las pistas veloces de caballos.


Oh Pólux, no te ven, y como siempre

todo es preparativo o despedida.

Con una mano donde hay una flor

Leda ofrece el augurio de la ruta.

De espaldas a lo eterno, ella la eterna

preferirá por siempre al que la sangre signa,

al que murió en batalla, al que es de tierra.

Y lo más que tendrás, Pólux que aguardas

sólo de un perro huésped,

será en esta mejilla donde poses los labios

la sal del llanto por el que ha partido.


Julio Cortázar. Salvo el crepúsculo. Alfaguara, 1984.

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