lunes, 25 de agosto de 2014

A Circe, de uno de sus cerdos. José Emilio Pacheco



A Circe, de uno de sus cerdos


            Circe abrió las puertas de la pocilga y sacó a mis
            compañeros en figura de puercos de nueve años.
                                                           Odisea, rapsodia X


De entre todas las bestias

que en mi cuerpo lucharon contra mi alma

acabó por triunfar el cerdo.


Circe, amor mío, cuánta paz y felicidad sabernos

nada más cerdos. No ambicionar

la aprobación de nadie,

no suplicarle a nadie: entiéndeme,

tienes que comprenderme, soy falible, perdóname.


No hay embrujo tan grande como el placer

de revolcarnos en el lodo:

tú la hechicera, yo el cerdo.


Qué triste dicha ser uno más de tus cerdos.

Somos tu piara, la zahúrda es tu templo.


Disfruta, Circe, la pasión de tus cerdos.

Paga en amor la humillación de tus cerdos.


José Emilio Pacheco. Los trabajos del mar, 1983.

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