viernes, 28 de septiembre de 2012

Héroes. Jorge Riechmann

Héroes


Álvaro Pombo declara
que su héroe no es Narciso
sino Prometeo. 

A estas alturas francamente
yo no confiaría
en ninguno de los dos gañanes 

ni en combinación transgénica ninguna
-Narciteo, Prometiso- 

y sugiero más bien
volver la vista hacia la paciente Penélope: 

las artes del bordado desbordando
a los regüeldos de testosterona 

Retejer lo destejido
reparar lo que se deshilachó
recuperar el mantel o el cobertor
(la cobija, dirían en México: eso que nos cobija)
a partir de los andrajos: 

aquí sí que podríamos hablar
de verdad de heroísmo 

el que de veras importa
el cotidiano. 

Jorge Riechmann (Madrid, 1962). El común de los mortales. Tusquets, 2011

viernes, 21 de septiembre de 2012

Reaparición de lo heroico. José Ángel Valente

La flor de los pretendientes y las buenas familias
en los salones espaciosos.
Y ya la guerra de Troya terminada
de tiempo atrás. Los hombres que allí fueron,
los sonoros navíos, el caballo mortífero,
vagas patrañas de la ideología.

Cómo puede esperar Penelopea.
Quien tenga una esperanza ocúltela,
pues el tiempo es de tibia descreencia
bien templada para la ocasión,
y la palabra más pura en los salones
sin tanta servidumbre a lo pasado.

Reunámonos, pues, para cruzar apuestas
sobre el futuro que nosotros somos
y olvidemos el arco, el duro arco del rey,
aquel objeto pesado y anacrónico
que la sentimental Penelopea
aún tiene por sagrado.

Así habló
y así se alzó entre todos Antínoo,
flor de los pretendientes y las buenas familias,
joven experto en lenguas extranjeras,
hábil en la ironía y el pastiche.

Rió la concurrencia con dulzura
y se sintieron más en el meollo
del capital asunto
todos los pretendientes de provincias.

Pero ya el harapiento vagabundo,
el huésped no aceptado,
impuesto por el hijo de la reina,
acariciaba el arco.
Así templó la resistencia
de la tenaz materia.
Tocó la flecha amarga,
hizo vibrar la cuerda poderosa
con un rumor distinto
y un tiempo antiguo vino en oleadas
de hosca respiración hasta los hombres.

Tomó Antínoo una copa entre sus manos
y alzóla en medio del festín.

Estaba tenso el arco.
Un dios de torva faz medía los segundos.
La saeta partió veloz,
certera. Atravesó su punta
la garganta de Antínoo y salió por la nuca.
Un chorro espeso
de irreparable sangre vino
a las fauces del muerto.

Flor de los pretendientes,
irrisorio despojo,
entre el vaho animal de la hermosa matanza.


José Ángel Valente (Orense, 1929 – Ginebra, 2000). Poeta, ensayista y traductor gallego. Entre sus obras: A modo de esperanza, 1954, Punto cero, 1972 y Fragmentos de un libro futuro, 2000.

sábado, 8 de septiembre de 2012

Dafne. Beatriz Vignoli


Dafne

a Hugo Padeletti


Ser verde en el invierno,
ser brisa y ser azul,
deprisa:
que padre río me transforme en árbol.

Debo espejar lo eterno en el instante
del brillo,
ser la cava del grillo:
que padre río me transforme en árbol.

Entre las hojas el trueno al sol murmura;
yo huyo en la espesura.

No quiero ser la cosa
que un dios rapta y destroza
y durar como resto:
dadme al pesto.

Que padre río me transforme en árbol.

Sólo existir apenas,
floral, obscena sombra de la gloria
en una vana frente. No la afrenta
de Apolo.

Prefiero vegetar, vegetalmente.
Que sea sueño toda mi memoria.

Beatriz Vignoli (Rosario, 1965). Poeta, novelista y crítica argentina. Entre sus obras: Blues de la erosión, 1980 e Ítaca, 2004.