domingo, 30 de octubre de 2011

Ovidio en el Tercer Reich. Geoffrey Hill


Ovidio en el Tercer Reich

Non peccat, quaecumque potest peccasse negare,
solaque famosam culpa professa facit.
Amores
, III, xiv

Amo mi creación y a mis hijos. Dios
es arcano y difícil. Suceden cosas.
Próximos están los antiguos abrevaderos de sangre;
la inocencia no es un arma terrenal.

Pero he aprendido algo. A no mirar
a los condenados. Ellos, en su esfera,
armonizan misteriosamente con el amor
de la divinidad. Yo, en la mía, celebro esa unión.

Ovid in the Third Reich

Non peccat, quaecumque potest peccasse negare, / solaque famosam culpa professa facit. / Amores, III, xiv

I love my work and my children. God / Is distant, difficult. Things happen. / Too near the ancient troughs of blood / Innocence is no earthly weapon. // I have learned one thing: not to look down / So much upon the damned. They, in they sphere, / Harmonize strangely with the divine / Love. I, in mine, celebrate the love-choir.

Geoffrey Hill ( Bromsgrove, Inglaterra 1932). Es considerado uno de los más destacados poetas de su generación. Es autor de los libros de poemas For the Unfallen (1958), King Long (1968), Canaan (1997), Without Title (2006), entre otros.

sábado, 22 de octubre de 2011

El dios Pan visita la oficina. Mario Cuenca Sandoval


El dios Pan visita la oficina

Ha dejado mezclados los informes las cifras
la impresora hecha trizas los cajones revueltos
el cuadro de la esposa con el cristal partido
con el labio partido boca abajo el reloj

Ha volcado el fichero y hay un vuelo de nombres
una nube de nombres flotando en la oficina
Se ha dejado engullir por el desorden
haciéndole el amor a las muchachas

encima de las mesas debajo de las mesas
y después ha bailado desnudo ante su jefe
sin consuelo ha llorado y ha reído

y ha llorado otra vez Él no comprende
que hay un orden detrás del arrebato:
el orden del deseo inconfesable

Mario Cuenca Sandoval (Sabadell, Barcelona, 1975) es Licenciado en Filosofía. Reside en Córdoba y ejerce como profesor de Secundaria. Ha publicado, entre otros, los poemarios El libro de los hundidos (Visor, Madrid, 2007; V Premio Vicente Núñez de Poesía) y Guerra del fin del sueño (La Garúa, Santa Coloma, 2008).

domingo, 16 de octubre de 2011

Sísifo en pantalón por las rodillas. Antonio Hernández



Sísifo en pantalón por las rodillas

Sísifo en pantalón por las rodillas,
como se llame eso, con su piedra o su coche,
atado a su chalé, que a tantas letras de por vida
siempre será prisión, primate
con visera, con gorra, con la bola cuadrada
de presidiario de televisor a cuestas,
con toda la familia, con la suegra, sin la amante,
la chequera, que es llave y es barrote,
sus tenis, su raqueta, su pulóver,
el fueraborda que lo espera
para seguir quemando combustible,
Sísifo ya en la cumbre de su sima,
inadvertida acaso, acaso acariciada,
pues incluso una llaga puede llegar a amarse,
con tan sólo septiembre como fosa
que ha de traer de nuevo la moqueta,
el minibar, la atenta secretaria
gorda y con demasiadas dioptrías,
la gran culminación que es el despacho
en el piso catorce, con su vista
parcial, aunque impagable,
a Santiago Bernabéu, patria de sus domingos,
Sísifo, digo, advierto,
acaba de llegar hasta la playa
con toda la familia,
dominador, triunfante, responsable
de una prole encausada
vaya a saber por dónde, sin la amante,
sin la cadena del ordenador,
sin su cordón umbilical,
solo en el fondo, más solo que nunca.
Y al contemplar el mar ha comprobado
que no hay misericordia en la belleza.

Este poema está publicado en la obra colectiva 65 Salvocheas, Editorial Quorum, 2011

Antonio Hernández (Arcos de la Frontera, 1943). Poeta español galardonado con números premios, entre los cuales, el Premio de la Crítica en 1994 por su poemario Sagrada Forma.

viernes, 7 de octubre de 2011

Carta a Meneceo. Frank Abel Dopico


Carta a Meneceo

Este lugar no es el jardín de Epicuro.
De él Teofrasto, el botánico, no podrá decir que crecían puerros, berzas,
nabos, berros, remolachas, pepinos, lechugas, hinojos, apio, albahaca y perejil.
Ni Cicerón advertirá que es un jardín de placer
donde los discípulos languidecen en medio de goces refinados.
El jardín de las delicias, es pues, hijo del Bosco y no de Epicuro.

Este lugar no es sino un sitio para un pájaro, unas plantas ornamentales y un
árbol.
Con esos materiales se pueden hacer un hombre, una mujer, un niño y los
urgentes amigos.
Todo lo demás convierte a la vida
en algo inservible,
en un trasero
donde pudrirse aún más la miseria humana.

Este lugar eres tú o no merecía la pena que lo fuera.
Aquí te desvistes. Allí sin pedirle perdón a los espejos.
Allí una sombra pequeña pronuncia el nombre de dos borrachos divinos.

Al interior, adonde están el café y la luz amaneciendo,
nadie puede verte: la soledad, un poco de amigos.
El jardín, el huerto, las delicias, el dolor de un ángel que te ha visto y que te
quiere,
son la mitad de un ir donde vienes regresando, tropezando.

Allí sueñan sus intimidades
Aquello que hemos dejado en el porqué de las cosas pasadas.

Allí, en la piedra inventada,
el caracol anuncia, como un monje descalzo,
lo que desconoce la piel de los amantes.
Y detrás de la cortina
también encuentra la montaña lo que pierde: el cielo.

Allí dentro, cuando la música y tú aparecen como una ventana que se abre,
apago un libro de Rousseau,
o dejo de intentar recordar la saliva de un cuerpo que me amó
y te digo que aquí dentro de uno se está bien calientito.
Te digo que ni Epicuro ni el Bosco pudieron soñar éste lugar.

Frank Abel Dopico (Cuba, 1964), poeta, actor y director de teatro. Ha publicado los libros de poesía: El correo de la noche (1989), Algunas elegías por Huck Finn (1989), Expediente del asesino (1991), Las islas del aire (1999) y El país de los caballos ciegos (2005)