domingo, 24 de julio de 2011

La tortuga de Aquiles. Joaquín Sabina



La tortuga de Aquiles

¿Qué sería de mí sin Esparta ni Atenas,
sin Fidias ni Platón, Edipo y Odiseo?
Apiádense del ática las furias y las penas,
a Grecia le debemos nuestro gen europeo.

Pericles el sociata, solo en el parlamento,
con Diógenes el cínico de la plaza Syntagma
predicando a la plebe paganos testamentos,
desahuciados del euro, desnudos, sin un dracma.

En lugar de laureles el paro y la cicuta
en vez de agamenones sibilas y agoreros,
debajo de la Acrópolis caspa y hojas de ruta,
sobre los partenones chantajes usureros.

Cuidado con los Griegos que vienen los Romanos
berlusconiando iberos al telecinco modo,
viéndole las orejas al lobo lusitano,
aplaudiendo en las bodas de los príncipes godos.

Ni las primas de riesgo ni los bonos basura,
espadas de Damocles en la cuaderna vía,
invierten en la flauta de pan de la cultura;
poco dura en la casa del pobre la alegría.

Escuece Papandreu malvendiendo sus joyas:
las musas de Epicuro, las islas de Egeo,
los aurigas de Delfos, los caballos de Troya,
la tortuga de Aquiles, los muelles del Pireo.

Entre el mustio silencio y el solo de trompeta,
crece un civil murmullo de suelas de zapato,
que amotina las calles al toque de retreta
y al toque de diana socava califatos.

Parece que la izquierda al fin se despereza
harta de que el verano suba cuestas de Enero,
urge reunir agallas, corazón y cabeza,
para salvar la Ítaca de Kavafis y Homero.

Joaquín Sabina (Úbeda, 1949), cantautor y poeta.

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